Historias de nuestros clientes · Audio y acústica

La música se escuchaba. Las instrucciones, no.

Un estudio de fitness de unos 90 m² y cinco metros de altura. Un sistema de audio instalado. Y una prueba que dejó claro que también había que trabajar con el espacio.

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El aplauso terminaba, pero el sonido seguía en la sala.

En las pruebas finales de un nuevo estudio de entrenamiento, la música llenaba el espacio. Sin embargo, al encender el micrófono y hablar sobre ella, las palabras del instructor se confundían. Había volumen, pero faltaba claridad.

Y para una clase guiada, esa diferencia lo cambiaba todo.

Una conversación que empezó por las cámaras

El propietario ya conocía nuestro trabajo. Nos había contratado anteriormente para instalar cámaras de seguridad y volvió a buscarnos para la videovigilancia de su nuevo estudio.

Mientras nos compartía los planos y explicaba su proyecto, surgió otra necesidad: encontrar quién resolviera el audio.

También podíamos ayudarlo con eso.

El recinto tenía aproximadamente 90 metros cuadrados y un techo de unos cinco metros de altura. No se trataba de poner música en una habitación pequeña: había que distribuir el sonido en una sala amplia y alta, donde la voz del instructor debía entenderse con claridad mientras sonaba la música.

El propietario tenía claro lo que buscaba: música nítida, graves con presencia y una voz clara y potente. Además, necesitaba un sistema sencillo de utilizar durante las clases.

Diseñamos e instalamos una solución con altavoces suspendidos, refuerzo de graves, micrófonos de diadema y reproducción musical desde dispositivos móviles. Las primeras pruebas, todavía durante la obra, avanzaban bien.

Hasta que conocimos los acabados definitivos.

Lo que cambió cuando terminó la obra

El piso llevaría recubrimiento cerámico y buena parte de las paredes quedaría cubierta por espejos.

Advertimos que esas superficies podían prolongar el sonido dentro del recinto y dificultar la comprensión de la voz. Se acordó evaluar el resultado con los acabados terminados.

Mientras la obra continuaba, preparamos una alternativa de tratamiento acústico.

Al llegar las pruebas finales, el problema se hizo evidente: un aplauso dejaba una estela sonora perceptible y, con música y micrófono funcionando juntos, resultaba difícil entender las instrucciones.

El equipo era solo una parte de la solución. También había que trabajar con el espacio.

La decisión que hizo la diferencia

La respuesta no fue añadir equipos ni aumentar el volumen.

Instalamos paneles absorbentes delgados, en un tono similar al de las paredes, para reducir la reverberación sin romper la intención visual del estudio. Después ajustamos la ecualización del sistema.

Tecnicos instalando tratamiento acústico en B|Pulse

Con el tratamiento instalado y el audio ajustado, las pruebas dieron un resultado distinto: graves con presencia, agudos definidos y una voz clara sobre la música.

Lo importante no era únicamente que el sistema sonara fuerte. Era poder distinguir lo que decía el instructor sin renunciar a la energía de la música.

De una instalación a una experiencia completa

La videovigilancia quedó instalada. En recepción también recuperamos equipos que el cliente ya tenía: les dimos mantenimiento, comprobamos su funcionamiento y los integramos al audio ambiental.

Pero el cambio más significativo ocurrió dentro de la sala.

El proyecto había comenzado con una conversación sobre cámaras. Terminó con un espacio en el que la música podía sentirse y las instrucciones podían entenderse.

Relato de StartNetworks basado en una experiencia de proyecto. Se omiten nombres y datos identificativos del cliente; no es un testimonio textual. Las dimensiones son aproximadas y el resultado se describe de forma cualitativa, sin atribuir mediciones instrumentales.

¿La música y la voz compiten en su espacio?

Cuéntenos cómo utiliza el recinto y qué necesita mejorar.

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